Objetivos y Metas.

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Impulso Joven

Objetivos y Metas

Objetivo General:

Generar condiciones adecuadas para la inclusión social y productiva de los y las jóvenes, de forma que se potencie su autonomía y se pueda maximizar sus capacidades.

Objetivos Específicos:

  • Ampliar oferta y modalidades de capacitación para jóvenes vulnerables.
  • Vincular la oferta formativa a las características de la población objetivo y a las necesidades del mercado laboral en el territorio.
  • Impulsar el emprendimiento juvenil.
  • Facilitar el contacto entre jóvenes y empleadores.
  • Promover el emprendimiento entre jóvenes y fortalecer los emprendimientos existentes.

Meta propuesta por STPTV:

  • Reducir del 10,4% al 7,6% la tasa de desempleo juvenil de 18 a 29 años a 2021.
  • Incrementar del 63% al 65% las personas de 18 a 29 años con bachillerato completo a 2021.
  • Incrementar del 27,8% al 31,2% la tasa bruta de matrícula en educación superior en Universidades y Escuelas Politécnicas a 2021 (énfasis en la población juvenil de 18 a 29 años).
  • Incrementar del 5,9% al 9,0% la tasa bruta de matrícula en educación superior de nivel técnico y tecnológico a 2021 (énfasis en la población juvenil de 18 a 29 años).
  • Otorgar financiamiento para emprendimiento a 20 mil jóvenes entre 18 y 29 años al 2021.

Antecedentes

El Gobierno Nacional, en su plan incluye como prioridad la protección de las personas en todo su ciclo de vida, la erradicación de la pobreza extrema, entre otros objetivos, los cuales se enmarcan bajo el Plan Toda una Vida, el cual está constituido por un conjunto de programas específicos en el que se incluye mejorar las capacidades y generar mayores oportunidades para las y los jóvenes ecuatorianos, con enfoque en aquellos en situación de pobreza y vulnerabilidad, mediante el impulso al empleo joven y emprendimientos.

Se propone realizar una inversión de 241 millones de dólares, para generar emprendimientos que sean exitosos y se mantengan en el tiempo, los cuales pueden generar nuevas plazas de trabajo para las y los jóvenes.

Diagnóstico (situación actual)

En América Latina existen aproximadamente 20 millones[1] de jóvenes que ni estudian ni trabajan, son los denominados NINIS. En el caso de Ecuador, alrededor de 777 mil jóvenes[2] entre 18 y 29 años, pertenecen al grupo de NINIS, que es aproximadamente el 25%[3] de los jóvenes en Ecuador.

Según la encuesta nacional de empleo, subempleo y desempleo de 2016, determina que existen 3’256.854 jóvenes de 18 a 29 años, esto es, un 25,2% adicional con respecto a la población del 2007.

[1] Informe del Banco Mundial 2016, en colaboración con el INEC

[2] ENEMDU, INEC elaborado por SGI de la STPTV

[3] ENEMDU, INEC elaborado por SGI de la STPTV


Marco Conceptual Nota: * Los indicadores de desempleo calculados del CPV incluyen únicamente a las personas que no trabajaron.

La Real Academia Española define a la juventud como el “período de la vida humana que precede inmediatamente a la madurez”.[6] Es un tiempo de espera en el que el joven progresivamente va adquiriendo las responsabilidades adultas: productiva, conyugal, doméstica y parental[7], o también un proceso de emancipación que concluye cuando se cumplen estas condiciones: independencia económica, autoadministración de recursos, autonomía personal y hogar propio[8].

La juventud, como grupo social, su primera diferenciación del resto de colectivos sociales se establece en base a la edad, a la que se suponen asociadas una serie de derechos y deberes, una serie de comportamientos proscritos y prescritos; en suma, una diferencia de “esencias sociales”. No obstante, estos rasgos se han creado en un contexto histórico específico. El concepto de juventud, tal como lo entendemos hoy en día, no existía en las sociedades preindustriales.

En este sentido, encontramos elementos que tienden a identificar a la juventud por oposición a otros momentos. Así, la inestabilidad de esta edad encuentra sus orígenes en el ‘Emilio’ de Rousseau, en el que se identifica el desarrollo de la especie humana y del individuo: pasando por tres estados: salvaje (infancia), bárbaro (adolescencia) y civilizado (adulto). Esta percepción de la juventud como fase de transformación no racional se ha ido consolidando hasta nuestros días.

El empleo forma parte central en el desarrollo del individuo y de la necesaria transición desde la época de estudios al trabajo, para garantizar una suficiencia económica que permita la formación de un hogar independiente.

Además de la formación para la obtención de un empleo asalariado, es necesario considerar la posibilidad de que los jóvenes puedan generar, finalizada la capacitación, un emprendimiento propio, sustentable, orientado a las demandas locales y con un carácter asociativo. Dichas iniciativas micro-empresariales y productivas, que apuestan “por el poder de uno”[9], parten del supuesto de que cada joven tiene el poder de crear y surgir por sus propios medios, generando a su vez empleo para otros, en lugar de disputar con otros los escasos empleos existentes. En tanto, “actores estratégicos del desarrollo” (denominación acuñada por algunos organismos internacionales) desde esta perspectiva, los jóvenes ya no son vistos como los afectados directos del problema, sino como parte de la solución de los mismos. De este modo, el enfoque del emprendimiento y del “sujeto emprendedor”, mirada comprensiva construida principalmente desde la teoría económica y ligada al mundo de los negocios, aparece extrapolada también a la esfera de lo social y se presenta como una herramienta para la inserción laboral.

[1] Fuente: ENEMDU

[2] Fuente: ENEMDU

[3] Informe del Banco Mundial 2016, en colaboración con el INEC

[4] ENEMDU, INEC elaborado por SGI de la STPTV

[5] ENEMDU, INEC elaborado por SGI de la STPTV

[6] Diccionario la Lengua Española. Vigésima segunda Edición.

[7] Gil Calvo y Menéndez, 1985

[8] Zárraga, 1985

[9] Baanate Jaramillo (2004)